La importancia de la matriz de riesgos, en el sector minero

Por María Camila Arévalo J., el 21 de agosto, 2020

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La industria minera está en un punto de inflexión en lo que se refiere a amenazas de ciberseguridad, disrupciones tecnológicas y gestión. Frente a este cambio en el ecosistema, las mineras deben decidir dónde invertir y cómo posicionarse en las próximas décadas. La gestión de riesgo es una área en la cual la innovación y la toma de decisiones pueden ser determinantes en la continuidad del negocio. La esfera de riesgo que hoy enfrenta la minería incluye variables que hasta hace pocos años no estaban en el mapa. El riesgo reputacional y el riesgo ambiental, entre otros, pueden paralizar o cancelar un proyecto si no son abordados con un enfoque actualizado.

¿Quién es el dueño del riesgo?

La matriz de evaluación de riesgo es un herramienta fundamental para la gestión integral de riesgo y control. No solo permite identificar dónde están y cuáles son las principales amenazas y vulnerabilidades de la operación. También determina el nivel de severidad del riesgo para priorizar e implementar medidas preventivas donde es más urgente o importante. Esto adquiere mayor relevancia hoy en día cuando los riesgos que hoy enfrentan las mineras –y toda industria– dejaron de ser sólo operacionales.

Debido a su posible impacto económico, estas amenazas no pueden ser responsabilidad del prevencionista solamente. Su control y gestión deben ser asumidos por la alta dirección, desde gerentes hasta el directorio. La matriz de evaluación de riesgo tradicional contempla cinco niveles que las mineras usan para priorizar la gestión de vulnerabilidades, según su impacto.

¿Cómo diseñar la matriz? 

Aunque es muy usado, este enfoque tiene un problema: no visibiliza a los responsables de minimizar el riesgo. Supongamos que un prevencionista no detecta un fuga de relave que resulta en un impacto ambiental de valor incuantificable y deriva en el cierre de la operación. ¿Es el prevencionista el verdadero responsable del accidente?

De 5 a 7 variables: un enfoque más amplio y exacto

La matriz de siete niveles expande el ámbito del riesgo e incluye las nuevas amenazas cuyo protagonismo está aumentando entre las empresas mineras, como los riesgos medioambientales. Introducir dos niveles más en la matriz permite ser más exactos en la evaluación y dimensionar mejor las vulnerabilidades de la operación. Para subir al próximo nivel de eficiencia y desempeño, las mineras no sólo deben adoptar nuevas tecnologías como plataformas colaborativas o softwares basados en la nube (saas). También han de mirar a otras industrias para aprovechar insights y conocimientos internos que generen espacios de innovación y mejora.

Asimismo, separar las probabilidades en siete niveles facilita una mejor separación del impacto que cada una de ellas pueda tener en los siguientes factores de severidad: 

  • Salud y Seguridad Ocupacional (SSO)
  • Medio Ambiente
  • Comunidad
  • Reputación
  • Legal
  • Financiero

Continuando en este orden, por ejemplo, la probabilidad de un riesgo casi seguro con un nivel de severidad crítico puede redundar en: 

  • Fatalidades y accidentes con discapacidad permanente.
  • Impactos graves y permanentes en el suelo, biodiversidad, ecosistemas, recursos hídricos y aire.
  • O bien violaciones a los derechos humanos, así como la destrucción de infraestructura de la comunidad en las zonas de interés del proyecto. También puede involucrar la profanación total e irreversible de múltiples estructuras, objetos o lugares.
  • Censura por parte de grupos de interés, medios de comunicación, gobierno, reguladores, ONGs y empleados de la empresa, con el consecuente daño a largo plazo (más de seis meses) a la reputación de la empresa.
  • El daño puede ser tal que provoque la quiebra o cierre permanente de la operación.
  • Costos que superen los US$2 billones. 

Precisar los siete niveles de probabilidad y sus consecuencias ambientales, sociales, reputacionales, financieras y legales tiene ventajas frente al modelo tradicional, sobre todo para determinar quiénes son los responsables de minimizar el riesgo a nivel de faena y organización. Entre ellas: 

  1. Define la magnitud inherente del riesgo: su probabilidad de ocurrencia y el impacto económico
  2. Evalúa si los controles existentes son adecuados para minimizar el riesgo
  3. Determinar la magnitud residual de cada riesgo, lo que indica la efectividad de los controles existentes
  4. Identificar al dueño o responsable de gestionar el riesgo y de llevarlo al nivel de aceptación o tolerancia.
  5. Monitorear la efectividad de los controles y el estado de avance de los planes de acción para los riesgos bajo la responsabilidad del dueño del riesgo. 

Nueva llamada a la acción

 

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