Estudio del caso Enron: uno de los peores fraudes de la historia

Por Deicy Pareja, el 16 de enero, 2019

Uno de los escándalos financieros más grandes de la historia es el caso de la gigante energética Enron Corporation, que apareció en la lista de la séptima compañía más grande y rentable de Estados Unidos en el 2000.

La empresa estadounidense tenía activos estimados en 63.000 millones de dólares y supuestamente facturaba 100.000 millones de dólares anuales. No obstante, en diciembre de 2001, se declaró en quiebra.

La razón radica en que todo fue maquillado: los pasivos se convirtieron en activos, los créditos se presentaron como ingresos y todos los beneficios fueron inflados.

Estos engaños financieros llevaron a que la acción en bolsa, que se cotizaba sobre los 90 dólares en el 2000, en un año pasara a costar tan sólo un dólar, un 99 por ciento menos. Eso tras salir a la luz que la empresa alteraba o fabricaba registros contables para engañar a sus accionistas.

Poco a poco fueron saliendo todos los fraudes financieros y se supo que la empresa acumulaba deudas de 30.000 millones de dólares y luego de declararse en bancarrota al menos 20.000 empleados perdieron su trabajo. El escándalo también  le costó la desaparición a la importante firma auditora, Arthur Andersen, una de las cinco sociedades de auditoría y contabilidad más grandes del mundo.

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Jeffrey Skilling, la cabeza de la contabilidad de Enron, con el beneplácito de los directivos, hacía ingresos ficticios, ponía a valor presente los flujos de negocios que no estaban materializados, lo que formaba parte de los beneficios de la firma energética. De acuerdo con las investigaciones, Enron disfrazaba las pérdidas y encubría sus deudas.

El escándalo del peor fraude financiero se destapó cuando la periodista Bethany McLean escribió un artículo para la revista Fortune, titulado: “Is Enron Overpriced?”, en el que cuestionaba el hecho de que la compañía pasara a estar en la posición 141 a la séptima más importante de Estados unidos en tan solo cinco años (1995-2000).

Paradójicamente, Jeffrey Skilling renunció a su cargo sustentando motivos familiares y vendió las acciones que tenía en la empresa por 60 millones de dólares, pero tan solo cuatro meses después, la compañía entró en crisis.

Aunque Skilling negó conocimiento, las autoridades lo acusaron de operar con información confidencial,  de estafar a inversionistas al vender sus acciones antes de la quiebra y por los delitos de engaño y conspiración.

Kenneth Lay, el fundador de la firma, fue acusado de seis delitos, entre ellos, conspiración y fraude, pero falleció de un infarto antes de ser condenado.

Tras el escándalo del fraude financiero, en Estados Unidos y otros países se estableció jurídicamente que el auditor de las empresas debe ser independiente de su cliente, también se endurecieron los requisitos y las penas. Ahora, toda  junta directiva de una compañía tienen la responsabilidad de analizar y estar al tanto de la contabilidad.

Evitar a los delincuentes de cuello blanco es uno de los retos más grandes que enfrentan los inversionistas y las empresas no solo del sector financiero sino también del sector real, porque los oportunistas cada vez trabajan de forma más encubierta, se valen de sus fechorías y de técnicas sofisticadas para estafar.

Una de las formas más comunes de estafa es es la falsificación, la modificación de información, que fue exactamente lo que hizo  Enron para inflar sus acciones y engañar a los inversionistas.

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